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Éxodo rural, crónica de una muerte anunciada

Éxodo rural, crónica de una muerte anunciada

Los arrendamientos, la carencia de ofertas educativas que superen la escuela básica, la ausencia de transporte público,  caminos en condiciones para zanjar grandes distancias, el cierre de emprendimientos, “influyen a la hora de migrar y provocan el éxodo rural”, indicó a AIM el dirigente de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Edgardo Barzola. En Entre Ríos, la lista de poblados en riesgo de desaparición llega a 17.


Las Moscas, en Entre Ríos, una localidad en riesgo de extinción. Foto: Recuperar
En diálogo con esta Agencia, el dirigente  advirtió que “la carencia de políticas agropecuarias para incentivar la producción, acrecienta el riesgo de desaparición de numerosos poblados que luchan por no extinguirse”.
Las causales mayores del éxodo rural son la tenencia de la tierra y la falta de servicios ya que “los costos tan elevados de la tierra han hecho que muchos productores no hayan podido acceder a ella y por eso migraron; primero,  a las pequeñas localidades, y después,  a las más grandes. A eso hay que sumarle la falta de servicios (caminos, electricidad, comunicaciones), factores que provocan el éxodo de los pobladores que abandonan el lugar en busca de un futuro mejor en las ciudades”.
Pero esa situación sólo acarrea un problema mayor. Muchas veces, los productores que emigran a las ciudades solo encuentran desarraigo y marginalidad. Los datos indican que una fracción importante de ellos se ubica en asentamientos que no reúnen las condiciones mínimas.
Barzola, ingeniero agrónomo y directivo de la Cooperativa El Progreso de Lucas González, señaló que “la extinción de los pueblos favorece el éxodo a las grandes ciudades que no están preparadas para recibir a esta gente, que termina viviendo en forma muy precaria”
Es que  la mayoría de los migrantes sólo tiene estudios básicos y se le hace muy difícil la inserción al mercado laboral. “Las expectativas de mejorar la situación económica y la calidad de vida no siempre se cumplen, pero como el pueblo ofrece aún menos oportunidades de desarrollo que la ciudad, son pocos los que vuelven”, afirmó.
La extinción de una comunidad no sólo repercute en las grandes ciudades, sino que afecta fuertemente a sus habitantes, que rompen sus vínculos familiares y pierden el patrimonio cultural, la historia y la identidad del lugar en el que nacieron.
“Hay pueblos que de un censo a otro se volvieron parajes de 300 o 400 habitantes que tienen planes de irse”, graficó y aseveró que “históricamente, el factor que más contribuyó a la extinción fue la suspensión del ferrocarril. Pero a eso hay que sumarle que la baja rentabilidad que hay en este momento, no alcanza para mantener a la familia en el campo y por eso se concreta el éxodo. Además, los arrendamientos suben y el pequeño productor no puede acceder a la tierra. Se va a la ciudad, pero lo que él sabe no lo puede aplicar allí, así que se convierte en casi un marginal”.
El cierre de emprendimientos, la falta de ofertas educativas que superen la escuela básica y la ausencia de transporte público y carreteras para zanjar grandes distancias, también influyen a la hora de migrar.
Barzola destacó además que como el productor obtiene baja rentabilidad “se convierte en rentista. En primera instancia vive de la renta pero después ya no vuelve más al campo”.
Datos
El 40 por ciento de los pueblos rurales está en riesgo de extinción, según un estudio dado a conocer por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) referida a los lugares de menos de 2000 habitantes, de los que unos 800 están en esa situación. Desde 2001, 90 de ellos desaparecieron. La mayoría de los que emigran son jóvenes que buscan trabajo o viajan para estudiar.
Los pueblos “en crisis o riesgo de extinción” son los que tienen menos de 2.000 habitantes y cuya población disminuyó más del 10 por ciento entre un censo y otro, y según las últimas proyecciones unas 800 poblaciones de todo el país, están en esta situación.
Irazusta, un pueblo que busca sostenerse. / Foto: Recuperar
Los investigadores sostienen que la merma comenzó en 1960 y se agudizó con los años, luego que el censo nacional de 1991 registró 430 pueblos “en crisis”. En 2001 la cifra ascendió a 602, en tanto 128 poblaciones crecieron menos del 10 por ciento y 90 desaparecieron.
Se agudiza el éxodo
Algunos datos ilustran este estado de cosas. Según la ONG “Recuperación Social de Poblados Nacionales que Desaparecen” (Responde), en Entre Ríos la lista de poblados en riesgo de desaparición llega a 17, diseminados en distintos rincones de la provincia, pero eran más de 30 en el registro anterior. Pero hay otros en situación más crítica: son los tildados con la sigla NF (no figura).
Los pueblos identificados como NF son pueblos que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ya no registró en su Censo de 2001, por la insignificante cantidad de habitantes.
En 1960, la población de Entre Ríos se repartía en partes casi iguales entre el campo y la ciudad: en el área urbana habitaba el 49,5 por ciento, y en la zona rural, el 50,5 por ciento. Pero dos décadas después la situación comenzó a virar drásticamente, y se pasó a un 68,8 por ciento de personas ocupando franjas de terreno en áreas urbanas, y apenas un 31,2 por ciento en el campo.
De todas formas, el cambio mayor ocurrió en la década de 1990: 77,4 y 22,6 por ciento, respectivamente, para llegar a 2001 con 949.250 entrerrianos en áreas urbanas (82 por ciento) y 208.897 habitando el campo (18 por ciento).
Es decir que en dos décadas casi 100 mil personas (aproximadamente el 10 por ciento de la población de la provincia) emigraron del campo a la ciudad. Claro que además de movilidad de población hubo un cambio cualitativo: se registró un envejecimiento de los habitantes de esas pequeñas localidades.
La tierra, en poder de los pooles
Además, Barzola advirtió “es muy grande la precariedad que existe en la tenencia de la tierra. Según datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), entre el 65 y el 70 por ciento de la superficie en el territorio nacional son arrendamientos. En Entre Ríos, ese porcentaje  es de entre 75 y el 80 por ciento”. “Es un problema que no se resuelve y que sólo favorece a los pooles de siembra y a los fondos fiduciarios, que se han apoderado de la tierra pagando arrendamientos muy altos, a los cuales los pequeños y medianos productores no pueden acceder. Esto ha provocado que los chacareros locales se queden con los suelos de menos calidad o que emigren por falta de oportunidades”.
Hasta ahora, los productores deben alquilar en condiciones extremadamente difíciles: a quintales fijos y por adelantado, lo que provoca que  “los chicos y medianos queden fuera, o con los suelos de menor calidad. Así, la tierra termina siendo un negocio inmobiliario y no una forma de vida de los que producen. A eso hay que sumarle la extranjerización, que avanza cada vez más en nuestro país y también en la provincia”.
Protección al pequeño y mediano productor
El 29 de abril de 2008, en la sexta sesión ordinaria de la convención constituyente que se realizó en el recinto del Consejo General de Educación (CGE), el pleno aprobó un dictamen unificado de la comisión de Producción, trabajo y Desarrollo sustentable de la convención constituyente, que estipula la protección al pequeño y mediano productor entrerriano, sobre la base de iniciativas presentadas por integrantes de todos los bloques.
Propone que el Estado promoverá las condiciones esenciales para la diversificación, industrialización y participación equitativa en toda la cadena de valor de la producción, posibilitando el incremento de su rendimiento de manera sustentable. “Especialmente resguardará al pequeño y mediano productor y garantizará su participación en el marco del Consejo económico y Social. Procurará para la población rural el acceso a la propiedad de la tierra y promoverá su defensa”.
No obstante, Barzola aclaró: “el texto de la Constitución es importante, pero si no se lleva a la práctica, nada pasará”.
Qué dicen los jóvenes
El coordinador del distrito tres de la Federación Agraria Argentina (FAA), Yari Kindebaluc, contó a AIM algunos de “los problemas que afectan a los jóvenes en el campo, entre ellos el problema del desarraigo y la desaparición de los pueblos en el interior de la provincia”.
Kindebaluc  y Mariano Faral (ACA), jóvenes preocupados por el éxodo rural.
En diálogo con esta Agencia, el joven manifestó que uno de los problemas principales tiene que ver con “la rentabilidad, porque para muchos productores chicos resulta más rentable arrendar el campo e irse, que quedarse a producirlo, este es uno de los principales factores que hacen a la desaparición de los pequeños pueblos”.
Por otro lado, Kindebaluc resaltó los problemas que sufren los hijos de los productores cuando quieren empezar a producir por sí mismos, que deben realizar todas las inscripciones administrativas, y a la hora de producir se les vuelve excesivamente caro pagarlas, más aún teniendo en cuenta que la actividad productiva rinde sus frutos después de seis meses. Eso es un cuello de botella para muchos jóvenes que quieren empezar a producir”, sostuvo.
“Otro de los problemas que hacen al desarraigo de los pueblos del interior está relacionado con las dificultades en el acceso a la vivienda, ya que se vuelve my complicado conseguir gente que quiera construir en las zonas rurales, y muy costoso llevar todos los materiales hasta el lugar”, afirmó a AIM el joven federado.
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